Siempre que vamos a Madrid, Noe llora. LLora como en diluvios. Por suerte nunca nos mojamos, Noe tiene una arca y siempre nos empuja pa dentro, pa el centro, pa el palpito, la resina del arbol, el insecto que se alimenta en la selva, se comunica, se reproduce, se quema y llora negro. Cuando vamos a Madrid diluvia y Noe (nuestro delirio) siempre nos acurruca en su arca-corazon y nos hace sentirnos protegidas.
Luego si, sale el sol, nos reimos y hablamos como putas.













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